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Cómo construir relaciones auténticas a pesar de las diferencias te convierte en un mejor líder (Parte 3)
William Hazlitt dijo una vez: “El prejuicio es hijo de la ignorancia”. Como líderes inclusivos, tenemos el poder de combatir esa ignorancia forjando deliberadamente relaciones con personas diferentes a nosotros. Pero no se trata solo de ser amables o políticamente correctos, sino de reconfigurar fundamentalmente nuestro cerebro para convertirnos en líderes más eficaces y empáticos.
Verna Myers lo capta a la perfección en su charla TEDx: “Los sesgos son las historias que inventamos sobre las personas antes de saber quiénes son”. La pregunta que debemos hacernos es: ¿qué historias estamos contando y cómo podemos reescribirlas con mayor precisión?
La atracción gravitatoria del sesgo de afinidad
Comencemos con una autoevaluación honesta. Detengámonos un momento y reflexionemos: ¿quiénes son nuestros colegas y compañeros con quienes nos relacionamos? ¿Qué tan similares son a nosotros? Siendo sinceros, la mayoría descubriremos que nuestros círculos sociales profesionales se parecen mucho a nosotros: antecedentes, experiencias, perspectivas y, a menudo, características demográficas similares.
Esto no es casualidad. El sesgo de afinidad actúa como la gravedad, atrayéndonos hacia personas que comparten nuestras características, experiencias y visiones del mundo. El verbo "gravitar" es especialmente apropiado en este caso. Así como la gravedad nos deprime, el sesgo de afinidad nos atrae hacia quienes son como nosotros. Liberarse de esa atracción es posible, pero requiere intencionalidad y esfuerzo.
Todos hemos experimentado la comodidad de estar rodeados de personas que nos entienden: que comparten nuestras referencias, entienden nuestro humor y no nos exigen que expliquemos nuestros antecedentes ni nuestra perspectiva. Es más fácil, más relajante y, a menudo, más energizante. Pero como líderes inclusivos, debemos reconocer que permanecer en esta zona de confort limita nuestra efectividad y perpetúa las mismas barreras que intentamos derribar.
La ciencia de la conexión: reprogramando manualmente nuestros cerebros
La teoría de la hipótesis del contacto proporciona un marco convincente para comprender cómo las interacciones significativas entre miembros de diferentes grupos sociales pueden reducir los estereotipos y fomentar la comprensión mutua. Cuando interactuamos con personas diferentes a nosotros, especialmente en condiciones de igualdad de estatus y objetivos comunes, algo extraordinario ocurre en nuestro cerebro.
Empezamos a reprogramar manualmente nuestros modelos mentales. Personas que antes eran "diferentes" se convierten en parte de nuestros endogrupos. Nos damos cuenta de que los estereotipos son, en realidad, ilusiones. Los prejuicios no pueden sobrevivir a la luz de la conexión humana genuina; huyen como vampiros de la luz del día.
Tara Jaye Frank lo expresa hermosamente: “Es difícil generalizar a un grupo entero de personas cuando tu experiencia de primera mano te dice la verdad, que es que cada grupo, sin importar los atributos por los cuales lo definas, abarca tanto lo bueno como lo malo, lo correcto y lo incorrecto, lo bello y lo feo”.”
Esta transformación no ocurre por casualidad. Requiere que vayamos más allá de las interacciones superficiales y construyamos conexiones genuinas que nos permitan ver la humanidad plena en los demás.
Las razones correctas importan: cómo evitar el simbolismo
Sin embargo, la estratega laboral Mita Mallick nos advierte sobre un grave peligro: abordar a las personas de forma simbólica. Debemos examinar nuestras motivaciones con honestidad. ¿Estamos construyendo relaciones solo para convencernos de que nos hemos esforzado, o buscamos genuinamente ampliar nuestro círculo social y comprender experiencias diferentes a las nuestras?
La diferencia entre construir relaciones auténticas y el simbolismo es profunda. Los esfuerzos simbolistas se perciben como transaccionales y superficiales. A menudo hacen que la otra persona se sienta utilizada u objetivada. El desarrollo de relaciones auténticas, en cambio, surge de la curiosidad genuina y el respeto por la humanidad del otro.
Debemos preguntarnos: ¿Por qué queremos construir nuevas relaciones culturales?
La conexión como superpoder de inclusión
En el trabajo, a menudo tenemos oportunidades de interactuar y colaborar con personas diferentes a nosotros. La mayoría de nosotros encontramos la manera de convivir pacíficamente. Pero ¿con qué frecuencia intentamos construir relaciones auténticas? No me refiero a convertirnos en los mejores amigos de todos; eso no es realista ni necesario. En cambio, necesitamos establecer conexiones que vayan más allá de lo superficial, conexiones entre personas que se centren en lo que tenemos en común y aprendan de nuestras diferencias.
La conexión es la base de la inclusión. Rompe estereotipos, amplía nuestra perspectiva y fomenta el respeto, enriqueciendo así nuestras vidas. Al fin y al cabo, somos criaturas sociales por naturaleza.
Aplicación en el mundo real: La Iniciativa del Café Misterioso
En una de mis empresas clientes de la industria farmacéutica, lanzamos una iniciativa llamada "Café Misterioso" para facilitar la conexión entre personas dentro de la organización. Los participantes voluntarios fueron emparejados a ciegas con colegas solo para socializar. Como las personas no podían elegir con quién conectarse, el sesgo de afinidad no influyó, y tuvieron la oportunidad de conversar con personas con las que nunca interactuarían de otra manera, de diferentes géneros, etnias, edades, funciones, países y niveles jerárquicos.
La iniciativa se popularizó enormemente, pero tuvimos que esforzarnos mucho a nivel interno para conseguir la aceptación. Incluso los líderes de los Grupos de Recursos para Empleados no comprendían inicialmente la conexión entre esta iniciativa y la inclusión. Esta resistencia puso de manifiesto cómo a menudo compartimentamos los esfuerzos de inclusión en lugar de considerar el desarrollo de relaciones como fundamental para crear culturas inclusivas.
El desafío digital: auditar nuestras redes sociales
Nuestras interacciones ocurren cada vez más en línea, donde es fácil entrar en burbujas donde solo nos vemos expuestos a personas como nosotros. Julie Kratz sugiere que revisemos nuestras redes sociales y nos preguntemos: "¿Qué perspectivas no tenemos en nuestras vidas?".“
Esta auditoría digital es crucial para los líderes inclusivos. Nuestras conexiones en LinkedIn, nuestros seguidores en redes sociales y nuestras comunidades en línea suelen ser un reflejo de nuestras redes fuera de línea, repletas de personas que comparten nuestra trayectoria y perspectiva. Diversificar nuestras relaciones digitales es tan importante como diversificar nuestras conexiones en persona.
Estrategias creativas para ampliar los círculos sociales profesionales
He auditado empresas donde el mayor desafío para la inclusión residía en la interacción social entre las personas. Es fundamental garantizar que los eventos sociales relacionados con el trabajo sean inclusivos. En una institución de inversión canadiense, las mujeres líderes me comentaron que se sentían excluidas socialmente. Al terminar el trabajo, no las invitaban a tomar algo ni a jugar al golf. No desarrollaban las relaciones estrechas que les permitirían progresar profesionalmente y se perdían información empresarial crucial.
Mientras tanto, sus colegas hombres perdían oportunidades de conocer mejor a sus colegas mujeres y romper con los estereotipos sobre sus verdaderas necesidades. Todos perdemos cuando permitimos que la exclusión social persista.
En una nota positiva, he conocido líderes que encontraron formas creativas de expandir sus círculos sociales:
Un líder en la industria hotelera que, durante las reuniones presenciales, siempre prefería sentarse junto a personas que no conocía o que conocía muy poco. Un alto directivo de una empresa europea de biotecnología que organizaba desayunos a los que cualquier persona de la organización podía asistir. Un líder en la industria de las bebidas que nunca se juntaba con sus compañeros de equipo durante las conferencias, prefiriendo conocer gente nueva.
Estos líderes entendieron que ampliar sus redes no se trataba sólo de ser inclusivos: se trataba de reunir perspectivas diversas que los convertirían en mejores líderes y tomadores de decisiones.
El balance energético: enlaces versus puentes
Esto puede parecer abrumador, especialmente para quienes somos tímidos o introvertidos. El grado de socialización que podemos gestionar depende de nuestro tipo de personalidad y se ve influenciado por las normas culturales. Sin duda, es más exigente interactuar con personas que no conocemos o con quienes compartimos menos identidades sociales.
El politólogo Robert Putnam identificó dos maneras principales de interactuar: creando vínculos (interactuando con personas similares a nosotros) y creando puentes (interactuando con personas diferentes). Todos necesitamos conectar; es más relajante y energizante. Sin embargo, como líderes inclusivos, debemos equilibrar nuestra necesidad de conectar con la de crear puentes si queremos promover una cultura inclusiva.
La clave es encontrar el equilibrio adecuado entre nuestra personalidad y niveles de energía, sin dejar de esforzarnos por conectar más de lo que nos resulta natural. La buena noticia es que cuanto más conectamos, más fácil se vuelve.
La inversión de tiempo: compartir nuestro bien más preciado
También debemos ser conscientes de cuánto tiempo pasamos con diferentes personas. Nuestro tiempo es nuestro bien más preciado y es importante compartirlo equitativamente. Cuando dedicamos constantemente nuestro tiempo libre a personas que se parecen y piensan como nosotros, estamos dejando claro a quiénes valoramos y cuyas perspectivas consideramos importantes.
Esto no significa que debamos programar cada interacción ni distribuir nuestro tiempo mecánicamente. Pero sí significa ser intencionales y asegurarnos de no excluir inadvertidamente a ciertos grupos de nuestras redes informales y de nuestros esfuerzos por construir relaciones.
La transformación interior
Cuando nos comprometemos a construir relaciones auténticas a pesar de las diferencias, no solo transformamos nuestras organizaciones, sino que nos transformamos a nosotros mismos. Nos convertimos en líderes más empáticos, creativos y eficaces. Desarrollamos una comprensión más profunda del mundo y de las personas que lo habitan. Derribamos las barreras que limitan nuestro potencial y el de quienes nos rodean.
Este trabajo no siempre es fácil, pero siempre vale la pena. Cada relación que construimos a pesar de las diferencias es un paso hacia un mundo más inclusivo. Cada estereotipo que rompemos nos convierte en mejores líderes. Cada conexión que forjamos fortalece el tejido de nuestras organizaciones y comunidades.
Como líderes inclusivos, tenemos el poder de reescribir las historias que contamos sobre las personas antes de saber quiénes son. Podemos elegir afrontar con valentía nuestros prejuicios, construyendo puentes en lugar de muros. La pregunta no es si debemos hacer este trabajo, sino si tenemos el coraje de empezar.
Gracias por leer. ¡Sigamos iluminando la inclusión juntos! ✨
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El último artículo de una serie de tres partes sobre cómo mitigar los sesgos. Adaptado de mi próximo libro, "Practicando el liderazgo inclusivo".
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